1. 4 3 2 1 (2017) de Paul Auster
Traducción de Benito Gómez y Ibáñez
Seix Barral, 2017
La obra de Auster da para todas las estaciones: elegiría La trilogía de Nueva York para la primavera, Sunset Park para el verano, Brooklyn Follies para el otoño… Resérvate cualquier momento para 4 3 2 1, un clásico instantáneo. Porque en las casi mil páginas retoma las estructuras juguetonas de sus primeras novelas –en este caso contando la vida de una misma persona, que se parece mucho al propio Auster, con cuatro destinos diferentes– pero esta vez el fondo tiene más potencia que el artificio. Su tratado definitivo sobre la juventud, el amor y el arte.
2. Berta Isla (2017) de Javier Marías
Alfaguara, 2017
Habría sido más justo destacar Tu rostro mañana, pero vamos a ceder un poco a la presión de las novedades editoriales. Si aquella trilogía te marcó profundamente (como a mí), Berta Isla supone un muy gozoso regreso al mundo de espías y contraespías, ahora con la perspectiva añadida –y humanamente incluso más interesante– de la mujer de uno de esos elegidos. El planteamiento con tintes homéricos llega hasta la raíz del concepto de lealtad, analiza y moldea el material del que están hechos los lazos personales y oscurece aún más esa sombra sobre la identidad de uno mismo y de los demás que Marías ha proyectado para siempre sobre todos sus lectores.
3. El mapa y el territorio (2010) de Michel Houllebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Seix Barral, 2011
En tiempos de asfixiante corrección política, cualquier texto de Houllebecq es, por decirlo finamente, una buena hostia en toda la cara. El clásico del nihilismo Las partículas elementales, la fantástica Lanzarote, la (demasiado a propósito) polémica Sumisión… Te recomiendo especialmente El mapa y el territorio porque camina por áreas hasta ahora inexploradas de la siempre intrigante relación entre la realidad y el arte. Y porque Houllebecq tiene la genial idea de asesinarse a sí mismo –también se autosecuestró en el cine, no se cae del todo bien él–. Eso sí, si estás en una racha mala con tu padre, a lo mejor te cortas un poquito las venas.
4. Orgullo y prejuicio (1813) de Jane Austen
Traducción de José Luis López Muñoz
Alianza Editorial, 2004
Si piensas que es una novela para mujeres, pues es verdad, es maravillosa para mujeres. Exactamente igual de maravillosa que para hombres. Con apenas 20 años, Austen se marcó uno de los retratos más vigorosos sobre el deseo y su contención, sobre el amor y su encaje social, sobre el honor y su imposible realización completa. Química pura, un millón de veces imitada e inimitable a la vez, que transcurre en la recurrente campiña londinense de principios del siglo XIX.
5. Crimen y castigo (1866) de Fiódor M. Dostoievski
Traducción de Rafael Manuel Cansinos
Debolsillo, 2009
Raskólnikov es un joven de veintitrés años inteligente, cultivado y atractivo que malvive en una buhardilla de San Petersburgo. Desde el principio de la novela urde un plan para robar y matar a una desalmada prestamista, para él, la mezquindad de la anciana justifica el crimen. Se publicó la primera vez por entregas, menudo Cliffhanger, sería algo así como el Stranger Things de la época.
6. El extranjero (1942) de Albert Camus
Traducción de José Ángel Valente
Alianza, 2015
La obra indaga sobre las circunstancias que llevan a un hombre a cometer un crimen aparentemente inmotivado. El desenlace de su proceso judicial carece de sentido, al igual que su vida, corrompida por la cotidianidad y el hastío. Una reflexión sobre cómo la responsabilidad y la culpa, cómo es lo primero de lo que se despoja el ser humano cuando otras fuerzas gobiernan su alma.
7. La forja de un rebelde (1941-1944) de Arturo Barea
Debolsillo, 2014
Exiliado en Inglaterra desde 1938, Arturo Barea plasmó sus experiencias en su obra autobiográfica, La forja de un rebelde, una trilogía que figura entre los libros españoles más vendidos en el extranjero. En nuestro país es prácticamente un desconocido, pues la obra fue prohibida durante el franquismo y solo vio la luz en su castellano original en Argentina en 1951. El grupo The Clash toma su nombre de la tercera parte de la trilogía, que en español se tituló La llama y aborda la Guerra Civil tal como la vivió Barea. En mi opinión, la obra que mejor explica los conflictos de la España de principios del siglo XX.








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